La idea de este artículo surge después de presenciar la inmensidad de beneficios que se le atribuyen al aceite de coco pero… ¿realmente ofrece beneficios? ¿es recomendable consumirlo? ¿es mejor para la salud que otros aceites?

Comencemos analizando  su composición, el aceite de coco esta compuesto por:

  1. Acidos grasos saturados  92%
  2. Acidos grasos monoinsaturados 6%
  3. Acidos grasos poliinsatusaturados  2%
  4. Cada cucharada (10 ml) de aceite de coco proporciona  alrededor de 117 kcal.

La razón de su fama se debe a su contenido de ácidos grasos saturados de cadena corta (AGM), este tipo de grasas requieren menos sales biliares para su digestión, se absorben rápidamente en el intestino y pasan directamente al hígado, lo que ayudaría a disminuir los niveles de colesterol malo o LDL; dicho efecto benéfico no se ha podido confirmar en estudios con pacientes sanos, sólo se ha confirmado en pocos estudios experimentales en animales. También, la presencia de antioxidantes ha permitido que su uso se difunda por supuestas propiedades contra bacterias y virus, así como protección contra el cáncer y otras enfermedades, aquí de nuevo no existen estudios convincentes en personas sanas.

Cabe señalar que el porcentaje de AGM es relativamente bajo en comparación con el porcentaje de grasas saturadas que contiene (92%), dicho porcentaje es parecido al que se encuentra en la grasa de la manteca de cerdo; así es, leíste bien, en la manteca de cerdo, para explicarlo un poco más a fondo te dejamos esta analogía:

“Quemarte con una flama a 300°C no significa que cause menos daño a la piel que quemarte con una  flama  a 400°C. Aceite y grasa son aceite y grasa“ -Alona Pulde, MD  autora de Forks Over Knives-.

Para evitar confusiones te recomendamos:
  1. El consumo de aceite de coco puede ser parte de una alimentación equilibrada si se limita su consumo, utilizándolo una, al máximo dos veces a la semana acompañándolo con al menos 5 porciones de verduras y frutas durante el día.
  2. Usar otros tipos de grasa vegetal ricos en  grasas insaturadas o grasas buenas y con limitadas grasas saturadas o grasas malas, como el aceite de cacahuate para la preparación de alimentos y el aceite de oliva, no solo para cocinar sino también para condimentar ensaladas, verduras, frijoles y carnes. Ambos aceites también contienen una gran cantidad de antioxidantes que a través de diversos estudios está demostrado que pueden combatir y prevenir enfermedades cardiovasculares, si forman parte de una alimentación equilibrada y un estilo de vida saludable.
  3. Consume con cada una de tus comidas otras fuentes de grasa vegetal como aguacate, coco (¡atención! consume  el fruto que te ofrece beneficios, no el aceite), chía, ajonjolí, almendras, nueces, nueces de la India, piñones, cacahuates; que además de grasas, te ofrecen fibra para una buena digestión y proteínas para la regeneración de los tejidos.

Abril González cuenta con más de 10 años de experiencia profesional donde ha destacado por su excelencia académica. Es Licenciada en Nutrición por la UAEMex, Maestra en Ciencias Fisiológicas por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y recientemente concluyó su Doctorado en Biología Vascular e Hipertensión en la Universidad de Padua, Italia.

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